jueves, septiembre 11, 2003

Fabulando

Eran los días de fiesta, cuando al día siguiente no había faena. Eran la ropa guardada, comprada un día en la capital. Eran las muchachas casaderas, arrellanadas en la carretera, ese joven del pueblo vecino y la más atrevida un despistado peregrino. Eran los titiriteros, con sus cuentos de siempre pero también las risas de siempre. Era el gesto emocionado con la imagen del patrón, el orgullo de lo suyo y la vana intuición de que nada cambiaría. A aquellos hombres, que estos días volverán a juntarse, a recordar, a decir que cualquier tiempo pasado fue mejor, tendrán en nuestros corazones para siempre la huella indeleble de la amistad y nuestro más profundo agradecimiento.
¡Viva San Martín de Jubera!

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